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Barcelona gentrificada, mirada desde 35mm

La cuidad de Barcelona es un caldo de cultivo creativo. Las calles se dejan fotografiar como ninguna otra que he estado. El street se hace casi solo y uno solo fluye, esto será si es que se puede entre las mareas de turistas, los caminos atestados con velocidad y neurotismo como de cualquier capital global, pero esta ciertamente la convertida en meca de creativos. Bueno esto si sobrevives los precios, ya que no solo gentrificada sino carísima, BCN tiene para todos, quizá es el precio de vivir y compartir una cuidad que esta un poquito de años adelante en el futuro, que pide libertad y se aferra a su autonomía y autodeterminación desde usar su lengua y hacer las cosas a su manera, pero siendo puerto desde época fenicia, la terminal y migraciones está en su ADN.

A los pies de una de las tantas subidas al Mont Juïc entre Colón y la entrada al para lel esta un pequeño parque modesto, en memoria a Walter Benjamín, que con la actualidad de su pensamiento ya nos hablaba hace medio siglo atrás de la fragmentación y la esquizofrenia del mundo post industrial mientras caminaba en calles angostas, pasadizos y escribía errante. Y ahi como viajero solitario que soy y siendo estudiante doctoral que es como vivir en una burbuja de soledad exponencial te reconoces. Ha sido lugar de mentes errantes desde siempre.

Con mi portugés casi nulo y español del sur a ratos ya cachaba cosas en catalán. El invierno era un verano para lo que imaginé, y ahí recibí el año nuevo 2018. Hice unas caminadas increíbles con un carrete rollei en positivo, pero en este viaje la Nikon fracasó, bueno ella no, yo, ya que no enrolle bien en claro egoísmo para aprovechar más de sus 36 disparos, así trunco y todo, a veces solo hay que caminar a la deriva y ya ni disparar.